Resolver pendientes libera tu vida

Uno de mis mayores errores es dejar cosas pendientes y no resolverlas nunca. Miro la tarea pendiente y me convenzo que mañana lo haré, que después lo haré, que en un ratito lo haré, que no es algo urgente, que resolver pendientes no es prioridad.

A medida que pasa el tiempo, los pendientes no resueltos no solo se acumulan, sino que también desgastan. El día a día tiene su propio afán, como diría Jesús. Si los pendientes del día a día se suman a los anteriores, nuestra vida se carga, tu mente se fragmenta porque debes pensar en varias cosas a la vez.

Quizá tu pensamiento es “Jimmy, los pendientes que tengo son pequeños, ni se notan”. Si te acostumbras a postergar, eso se convertirá en un hábito. Lo digo por experiencia. Pagos bancarios, deberes universitarios, reuniones de trabajo, encuentros con amigos, proyectos, metas académicas, procesos de perdón y restauración… tantas cosas que pueden convertirse en una carga o liberar tu vida.

Si te preguntas ¿cómo o por donde empiezo?, tengo un par de recomendaciones:

  • Revisa que debes hacer.
  • Empieza por lo que puedes hacer.
  • No te encapriches con lo que no puedes hacer.
  • Haz lo que debes hacer.
  • Descansa

 

Escrito por: Jimmy Sarango
Sitio oficial: www.jimmysarango.com

La tecnología y nuestros hijos

Nos guste o no, la tecnología digital está tomando un lugar cada vez más central en nuestras vidas. Como padres tenemos el reto de entrenar a nuestros hijos a un manejo sano de la tecnología. Abundan estudios demostrando los efectos negativos en niños que pasan demasiado tiempo frente a las pantallas.

¿Cómo podemos poner límites sanos que no conviertan la tecnología en un fruto prohibido y tampoco expongan a nuestros hijos a los peligros de la pantalla? Algunos principios para guiarnos:

Permite que tus hijos se aburran.  Dios nos creó a su imagen y somos creativos como Él. Pero muchas veces no les damos espacio a nuestros hijos para desarrollar esa creatividad. Es más fácil sacar el celular y dejarles jugar con una aplicación, que escuchar sus quejas de que están aburridos. Es nuestra responsabilidad como padres entrenar a nuestros hijos en el dominio proprio, en postergar deseos, y en ser creativos con los recursos que tienen a mano. ¡Estas habilidades son necesarias para el resto de sus vidas!

Establece los parámetros para el uso de pantallas. Cada familia pondrá límites en cuanto a la cantidad y en cuanto al contenido de la tecnología. Lo importante es que existan reglas establecidas, en vista de sus valores como familia. Por ejemplo, podrían decidir que deberes de la escuela y tareas en la casa deben tener prioridad. Ayuda prohibir el uso de dispositivos antes del cumplimiento de lo mencionado. Nuestra familia tiene un “ayuno” de pantallas cada año en el mes de diciembre para disfrutar más de los eventos y las tradiciones navideñas. En julio repetimos este ayuno de pantallas para crear espacios para lectura y pasatiempos en familia.

Modela el uso sano de tecnología. Los ojitos de nuestros pequeños nos miran, como adultos cristianos modelamos a nuestros hijos la manera en cómo manejamos la tecnología. Si amamos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza a nuestros dispositivos, ellos aprenderán a hacer lo mismo. Pero si ponemos el ejemplo del uso de tecnología para bendecir y aprender y descansar para la gloria de Dios, también lo aprenderán. Abrimos el diálogo con nuestros hijos acerca de los programas que están viendo y qué les están enseñando acerca del mundo. Aun si ven algo inapropiado (cosa que suele pasar aun con los padres más cautelosos), nos da una gran oportunidad para hablar de nuestros valores y del impacto poderoso de los mensajes visuales.

La tecnología es una herramienta que podemos utilizar para nuestro bien. Seamos padres sabios en su uso.